Prácticas hospitalarias que acercan el aula a la profesión

La Formación Profesional permite comprobar cómo los conocimientos aprendidos en clase adquieren sentido cuando se aplican a situaciones reales. Para el alumnado del IES la Foia, la formación en centros de trabajo representa una oportunidad de conocer el ritmo de una empresa, asumir responsabilidades y descubrir qué significa trabajar con profesionalidad.

En esta entrevista, Laura Martínez, alumna del ciclo de Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería, comparte su experiencia durante las prácticas realizadas en un hospital de Alicante. Habla de sus primeros días, del acompañamiento recibido por el personal sanitario y de las competencias que ha desarrollado en contacto directo con pacientes y familias.

El primer contacto con el hospital

Laura comenzó sus prácticas en una unidad de hospitalización después de haber trabajado durante meses contenidos relacionados con la higiene del paciente, la movilización, la alimentación y la prevención de infecciones. “En clase entendíamos los procedimientos, pero al llegar al hospital descubrí que cada paciente tiene unas necesidades diferentes y que hay que observar mucho antes de actuar”, explica.

Los primeros días estuvieron dedicados a conocer las instalaciones, los protocolos internos y la organización de los turnos. También aprendió la importancia de identificar correctamente a cada persona, mantener la confidencialidad y utilizar los equipos de protección individual. El personal responsable le indicó cómo preparar el material y cómo colaborar con enfermería sin invadir funciones propias de otros profesionales.

“Al principio estaba nerviosa porque todo parecía ocurrir muy deprisa. Después comprendí que el trabajo está muy organizado y que siempre hay alguien a quien consultar”, cuenta. La acogida del equipo sanitario fue decisiva para que pudiera ganar seguridad de forma progresiva y participar en las tareas adecuadas a su nivel de formación.

Aprender a cuidar con precisión

Una parte importante de la jornada consistía en ayudar a los pacientes en actividades básicas de la vida diaria. Laura colaboraba en el aseo, el cambio de ropa y la preparación de las habitaciones, prestando atención a la intimidad y al estado emocional de cada persona. “Cuidar no es hacer las cosas rápido. Es explicar lo que vas a hacer, pedir permiso y comprobar que el paciente se siente cómodo”, señala.

Durante la estancia también reforzó conocimientos sobre movilización y ergonomía. Aprendió a utilizar camas articuladas, grúas y otros recursos destinados a evitar caídas y lesiones. La correcta colocación del cuerpo era esencial para proteger tanto al paciente como al personal auxiliar. Cada movimiento debía adaptarse a la edad, la autonomía y la situación clínica de la persona atendida.

La estudiante destaca que las prácticas le ayudaron a comprender el valor de los pequeños detalles. Una habitación ordenada, una postura adecuada o una conversación tranquila pueden influir en la recuperación y en la confianza del paciente. La formación sanitaria exige destreza técnica, aunque también sensibilidad, paciencia y capacidad de observación.

La comunicación como herramienta sanitaria

Laura descubrió que hablar con claridad es una parte esencial de la atención hospitalaria. Muchas personas llegan preocupadas, sienten dolor o no comprenden bien lo que está ocurriendo. El personal auxiliar debe escuchar, transmitir la información que le corresponde y avisar a enfermería cuando detecta un cambio relevante.

“Aprendí a no prometer cosas que no dependen de mí y a comunicar cualquier incidencia de manera precisa”, afirma. Para ello, resultaban útiles los contenidos estudiados en el instituto sobre habilidades sociales, trabajo en equipo y relación de ayuda. La comunicación con familiares también requería respeto, prudencia y una actitud serena.

El entorno sanitario puede reunir a personas de distintas procedencias y con diferentes formas de expresarse. Laura considera que los recursos lingüísticos digitales pueden ser un apoyo para ampliar vocabulario y mejorar la comunicación en contextos profesionales. Aunque una herramienta en línea no sustituye la escucha directa, sí puede ayudar a familiarizarse con expresiones, términos y situaciones comunicativas diversas.

Rutinas, coordinación y responsabilidad

El hospital funciona gracias a la coordinación de numerosos perfiles profesionales. Durante sus prácticas, Laura observó el trabajo conjunto de auxiliares, enfermeras, personal médico, celadores, servicio de limpieza y administración. Cada tarea tiene un propósito y una repercusión en el bienestar del paciente, incluso cuando se desarrolla fuera de la habitación.

La estudiante participaba en los cambios de turno, la reposición de material y la preparación de espacios. También aprendió a seguir las indicaciones del equipo y a registrar correctamente aquello que debía quedar comunicado. “Me di cuenta de que llegar puntual, llevar la uniformidad adecuada y cuidar el material son aspectos tan importantes como saber realizar un aseo”, explica.

La responsabilidad se reflejaba igualmente en el cumplimiento de las normas de prevención. El lavado de manos, la gestión de residuos y la desinfección del material formaban parte de cada jornada. Estas rutinas, que en el aula podían parecer repetitivas, adquirieron un significado concreto al relacionarse con la seguridad de pacientes vulnerables.

Del aula a las oportunidades profesionales

La experiencia en el hospital permitió a Laura identificar las áreas que más le interesan y aquellas en las que necesita seguir mejorando. Al principio le costaba desenvolverse con pacientes dependientes, pero con la práctica desarrolló mayor confianza y aprendió a pedir ayuda en el momento adecuado. También mejoró su capacidad para organizar el tiempo y anticiparse a las necesidades de la unidad.

“Ahora veo con más claridad qué tipo de profesional quiero ser. Me gustaría continuar formándome y conocer otros servicios del hospital”, comenta. La Formación Profesional facilita precisamente ese contacto con el mercado laboral, porque permite adquirir experiencia real, conocer diferentes puestos y establecer relaciones con entidades colaboradoras.

El instituto mantiene su compromiso con una oferta formativa vinculada a las necesidades sociales y empresariales. El alumnado y las familias pueden consultar las novedades de la oferta de ciclos formativos para conocer itinerarios que combinan aprendizaje técnico, orientación profesional y periodos de prácticas en centros de trabajo.

Una experiencia que deja huella

Al recordar su primer día, Laura reconoce que esperaba realizar tareas muy concretas y que la realidad le enseñó una dimensión más amplia de la profesión. “Pensaba que las prácticas servirían para aplicar lo aprendido, pero también me han enseñado a mirar a cada paciente como una persona con una historia, unos miedos y unas necesidades propias”, relata.

La convivencia diaria con pacientes y profesionales ha reforzado su vocación y su compromiso con una atención digna. También le ha permitido entender que la calidad asistencial depende de la preparación, la coordinación y la actitud de todo el equipo. En el hospital, cada gesto debe realizarse con respeto, cuidado y sentido de la responsabilidad.

Para Laura, esta etapa representa un paso importante antes de incorporarse al mundo laboral o continuar sus estudios. Su testimonio refleja el valor de la formación práctica y el papel de los centros educativos en la preparación de profesionales capaces de responder a las necesidades de su entorno. “Me llevo muchos aprendizajes, pero sobre todo la certeza de que he elegido un camino que quiero seguir”, afirma.